“Por favor, lo siento y gracias”, palabras clave en Compañías con Talento

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Noviembre 2016
“Por favor, lo siento y gracias”, palabras clave en Compañías con Talento
Por
Aurea Benito. Corporate HR Director. Isdin.

¿Cuál es la aportación única de HR a la Organización? ¿Cómo contribuimos a la consecución de resultados (presente)? ¿Cómo abordamos la construcción de expectativas (futuro)? A través de las personas. Y todo ello empieza con la atracción de Talento, pues como dice un sabio proverbio africano: “Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”.


La atracción, desarrollo y fidelización de Talento es la aportación de valor única de HR. Ello requiere contestar primero la pregunta: ¿Qué es Talento? Talento somos todos. Todos y cada uno de nosotros tenemos talento y más de uno. Eso sí, cada compañía lo define a su manera: no es lo mismo Talento para una start-up de Social Media, una ONG o el sector energético. La definición se va modulando en el entorno líquido en el que vivimos: mientras hace unos años escribir a máquina era un plus, hoy, si no dominas las nuevas tecnologías puede ser un obstáculo a la hora de encontrar trabajo. Los conocimientos y habilidades, que llamamos aspectos “hard”,  son importantes. Sin embargo, las compañías, cada vez valoramos más la actitud, o los aspectos “soft”. ¿Cuántas veces hemos oído que: “contratamos a las personas por su talento y las despedimos por su talante?” ¡Infinitas! El “hard “es fundamental, pero no suficiente sino va acompañado de la actitud: optimismo, flexibilidad, generosidad, humildad, pasión, paciencia, respeto, sentido del humor, ética… ¿Por qué? Porque ello define no lo que hacemos, sino quienes somos. ¿Qué conexión hay entre “el quiénes somos” y el mundo de la empresa? La vinculación es muy sutil, pero a la vez esencial.  Nuestra manera de ser tiene que ver con nuestra actitud. Todos sabemos que una mala actitud no disminuye nuestros conocimientos, habilidades o competencias. Sin embargo, una mala actitud lo cambia todo.  ¿Quién quiere trabajar con personas pesimistas, rígidas, mezquinas, soberbias, pasotas, impacientes, irrespetuosas, sin sentido del humor y con una ética comprometida? Yo no. Si tenemos presente que ninguna compañía puede ser mejor o peor que las personas que la integran, la conexión entre quienes somos y el mundo de la empresa está hecha. Ahora bien, ¿cuánto tiempo dedicamos a “ser mejores personas” vs. a  “trabajar mejor” –es decir, a actualizar conocimientos? Howard Gardner afirma: “una mala persona no llega nunca a ser buen profesional”. Estoy de acuerdo. Los mejores profesionales consiguen la excelencia porque van más allá de satisfacer su ego y se comprometen con objetivos que van más allá de sus necesidades para servir las de todos. Eso exige ética.  Así que si nadie es mejor colaborador que persona, ¿cómo podemos ser mejores personas? Cada uno de nosotros debe encontrar su respuesta. Para mi “Por favor, lo siento y gracias” son tres llaves maestras. O,  lo que es lo mismo, Generosidad, Humildad y Gratitud. Si practicamos las tres seremos mejores personas, mejores profesionales y, por ende, una mejor Compañía.

Una vez encuadrado qué es Talento y cómo “Por favor, lo siento y gracias” nos hacen llegar más lejos, podemos plantear: ¿Cómo atraemos este Talento que quiere ser mejor profesional y mejor persona? Todo empieza con un proyecto inspirador que sea capaz de sacar lo mejor de nosotros  mismos y contribuya a hacer del mundo un lugar mejor. Si conseguimos que ese proyecto conecte con nuestro propósito de vida y con nuestra esencia, entonces el encaje no tiene fisuras. Para ello no es necesario que todos trabajemos en compañías del Fortune 100. Es algo mucho más personal e íntimo. La siguiente historia, ubicada en la época medieval, lo ilustra bien:

Un paseante preguntó a 3 picapedreros qué estaban haciendo. El primero le contestó: Estoy picando piedra como un condenado en ese caluroso día, lleno de polvo, con el agua del botijo ya caliente y deseando que llegue cuanto antes el fin de la jornada. El segundo comentó: Hago lo que el capataz me ordena, aunque no lo entienda, porque para pensar ya están otros; yo a darle a la maza y al escoplo, que es lo mío”. El tercero, alzando la cabeza sonriendo,  respondió: “¡estoy construyendo una catedral!”

Nuestra contribución y crecimiento no van de lucimiento, que puede desglosarse en dos palabras: “luzco” y “miento”, sino de aportación. No se trata de brillar, sino de iluminar. Es decir, por muy pequeñas que sean las cosas que estamos realizando en nuestro trabajo y en la vida, nunca debemos perder el horizonte de lo grande e importante que es el objetivo, el sentido de por qué y para qué las hacemos. Perder la referencia del propósito nos puede llevar a una rutina que, además de monótona y aburrida, redundará en una más que deficiente consecución de resultados. Si anteponemos el “qué”, corremos el riesgo de olvidar “por qué” y “para qué” hacemos lo que hacemos y de convertirnos en sudorosos, fatigados y aburridos picapedreros. Cuando me pregunto acerca del “por qué” en HR, siento que es ayudar a levantar la catedral para albergar el Talento humano, con la mirada en las estrellas y los pies en el suelo.

Sí, la razón de ser de HR es atraer Talento y hacerlo crecer. Crecer, significa practicar la paciencia, porque las cosas normalmente no se consiguen en un momento y sin esfuerzo. La falta de paciencia proviene de la falta de madurez. Como decía Mahatma Gandhi: “Perder la paciencia es perder la batalla”. Cada cosa requiere su tiempo y no tenemos el control sobre todo.  La paciencia es una fortaleza que no hay que confundir con una actitud pasiva y despreocupada. Al contrario, la paciencia es una actitud mental activa y reflexiva que nos permite afrontar las cosas con la cabeza fría y de forma constructiva para crear nuevas realidades. Y es desde el Talante desde donde podemos entender esta historia:

En un territorio del lejano oriente, en una época sin determinar, vivía un discípulo cuyo máximo objetivo era llegar a la sabiduría que atesoraba su Maestro. Uno de los días en los que caminaban meditando, preguntó:
- Maestro, ¿cuánto tiempo tardaste en aprender todo lo que sabes?
- Toda la vida y ya tengo más de 90 años.
- ¿Cuánto tiempo dedicabas a aprender?
- Ocho horas al día.
- Estudiaré durante 16 seis horas al día y tardaré la mitad de años que tú.
- Entonces tardarás 180 años, le dijo el Maestro con voz serena.
- ¿Cómo es posible Maestro? Si le dedico el doble de tiempo, ¡no puedo tardar el doble de años en hacerlo!
- Si tienes un ojo continuamente puesto en el destino, sólo te quedará un ojo para recorrer el camino.

El camino es la meta. Los sueños son importantes siempre y cuando integremos que hay que disfrutar del camino hasta conseguirlos. Después de todo, ¿de qué sirve llegar si no hemos disfrutado?

Lo divertido en HR es atraer, fomentar y facilitar el desarrollo de las personas que nos rodean desde un entorno de pasión, conexión y contribución, conjugando siempre el “nosotros”. Lo conseguimos cada vez que invitamos a que cada uno quiera ser mejor, sabiendo que es un deber de todos y cada uno. A mí me gusta acompañar esta invitación de 3 actitudes que nos ayudan a evolucionar: cuestionar, atrevernos y sentir pasión. Vamos a desgranarlas:

¿Cuestionar qué? Todo. El pensamiento convencional, los paradigmas establecidos y el estatus quo. Ello nos permite superar prejuicios y avanzar. Los prejuicios distorsionan la realidad que vivimos. Hay una anécdota atribuida al torero Rafael El Gallo (1882-1960) que lo refleja de forma muy simpática:

El diestro sevillano había tenido una mala tarde en A Coruña y deseaba salir de inmediato hacia Sevilla. Le recomendaron pernoctar allí porque Sevilla quedaba demasiado lejos, a lo que él contestó: “Sevilla está donde tiene que estar. Lo que está lejos es esto. 

En conclusión, lo que nos puede parecer objetivo, puede ser tremendamente subjetivo cuando estamos sesgados. ¿El antídoto? Cuestionar y,  al hacerlo,  tomamos consciencia y avanzamos.

¿Atrevernos a qué? A soñar imposibles y conseguir cosas extraordinarias. La curiosidad no mató al gato, le hizo descubrir que tenía siete vidas. Después de todo, la diferencia entre lo “ordinario” y lo “extraordinario” es ese “pequeño” extra. Es así como cambiamos el mundo, paso a paso, pues siendo nosotros mejores, hacemos que el mundo sea también un lugar un poco mejor.

Como no hay dos sin tres cuestionar, atrevernos y sentir pasión. ¿Por qué? Porque la pasión es lo que hace que sintamos que una persona, un equipo o una Compañía tiene duende. “Ese poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica”, así lo definió Goethe. Para mí el duende tiene que ver con momentos en los que se crea magia, algo que conseguimos cuando salimos de nuestra zona de confort, nos elevamos y alzamos el vuelo.  Todos podemos acceder al Duende si estamos dispuestos a ir más allá de los mapas, brújulas y referencias conocidas para adentrarnos en un universo de posibilidades infinitas. Posibilidades de reír, crear, aprender, contribuir, experimentar amar y dejar huella.

Comentarios

Javier MORENO GARCIA hace 284 dias y 18 horas
Coach Ejecutivo y Sistémico de Equipos - Www.resulta-2.com
Felicidades, por afrontar el tema.
quizás nuestra cultura judío-cristiana, nos lleve al modelo de ganar-perder, en vez de ganar- aprender
trabajamos en un modelo racional, que nos hace perder más del 80% del potencial de crecimiento de las personas, tienes que hacer ó quiero hacer
mucho trabajo queda, lo bueno es que estamos tomando consciencia.
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