Hepatitis C de Coste, de Coste de oportunidad perdida

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Julio 2015
Hepatitis C de Coste, de Coste de oportunidad perdida

En las últimas semanas hemos leído infinidad de artículos sobre la llegada de un grupo de nuevos tratamientos, esta vez altamente eficaces, contra el virus de la Hepatitis C.

Por Jordi Plaja Portell. Socio fundador de MICHealthcare.

En las últimas semanas hemos leído infinidad de artículos sobre la llegada de un grupo de nuevos tratamientos, esta vez altamente eficaces, contra el virus de la Hepatitis C. En todas las opiniones, con más o menos crítica, se resume el bochornoso espectáculo de la batalla librada en los medios entre Administración (en período pre-electoral) e Industria Farmacéutica - con los pacientes cavando trincheras de por medio -  que no ha hecho otra cosa que poner de manifiesto una vez más, y de forma clarísima, la falta de estructuras y equipos de planificación.

La nula proactividad, la ausencia de anticipación en el cómputo del número de personas que iban a requerir estos tratamientos y el escaso, por no decir inexistente, diálogo previo con las compañías farmacéuticas - tan necesario para negociar mucho antes de su llegada al mercado un coste de tratamiento asumible para el sistema - ha conformado la “tormenta perfecta”.

Amparadas en la aceptada necesidad de determinar el efecto real que un nuevo medicamento pueda tener a medio y largo plazo en la modificación de la historia natural de la Hepatitis C, las distintas administraciones han jugado al final la carta de la sorpresa, mejor o peor simulada, por el órdago lanzado desde algún laboratorio al saber que tenía buena jugada y han buscado simpatías entre la opinión pública enfatizando las consecuencias en forma de costes a corto plazo, teóricamente inasumibles para el Sistema Nacional de Salud.

La mencionada sorpresa no es muy justificable en esta ocasión. No será por falta de preaviso por reputados expertos, ni de datos que lo apuntaran. En 2011 ya se publicaban los resultados de por lo menos un Fase II muy prometedor que hacía presagiar, tanto el éxito terapéutico, como la voluntad del laboratorio de pedir un alto precio por él. 2011, hace casi 5 años.

La Industria tiene también contra-argumentos bien planteados: si se cumplen las expectativas del tratamiento y la enfermedad no progresa o remite, habrá una menor necesidad de trasplantes, menos costes de personal, ahorro en ingresos y refrecuentaciones, pruebas diagnósticas y toda una retahíla de ahorros indirectos. La cuenta final muy probablemente será equivalente o incluso mejor que el coste del fármaco, que se estaría cuanto menos “autofinanciando”.

Aun así, la Industria Farmacéutica ha dejado perder - a mi entender - una magnífica oportunidad para demostrar a la sociedad que, siendo lícito querer rentabilizar un descubrimiento de tal envergadura, esto es compatible con una visión real y comprometida de poner al paciente en el centro de nuestra actividad. Es posible buscar el medio para llegar a todas las personas que se pueden beneficiar de dicha innovación en el menor plazo posible y a un precio “no escandaloso” con esquemas de pricing creativos que busquen un beneficio justo y sostenible que financie nueva I+D y no la obsesión por ser un superventas,  en medio de una crisis, económica y de imagen del sector, que parece no querer mejorar.

Cuando dispones de un producto de estas características en tu portafolio, tienes además una responsabilidad añadida que redefine el sentido de tu P&L hacia un Patients and Lifes.  En todo lo que hagas, incluído el precio solicitado y los costes que lo determinan, tiene que imperar la transparencia. Y digan lo que digan, en esta ocasión, esto no ha sido tan así.

Al final, el coste-efectividad, el hecho que casi uno de cada cuatro se curan espontáneamente tras la exposición al virus y la voluntad de esperar a que el paso de los años abarate los precios, ha llevado a los decisores a encontrar los argumentos necesarios que justifiquen tratar únicamente a pacientes en estadios avanzados de la patología, los que van a progresar más rápidamente a cirrosis, hepatocarcinoma y trasplante hepático, si tienen además ciertos hábitos tóxicos o están infectados por el VIH.

Albert Jovell decía siempre: “La tecnología va más rápida que el conocimiento. La innovación va más rápida que la capacidad de la sociedad para pagarla.” Aunque tengas una línea de crédito de 720 millones a 10 años diría yo como solución, sólo válida para este caso. Porque ¿qué pensarán otros colectivos de pacientes? Los oncológicos por ejemplo, que están esperando los prometedores frutos de los proyectos de investigación de la última década. ¿Es lícito que esperen el mismo tipo de reacción, que hayan entendido que se decide sobre la base de los titulares en la prensa y que exijan con todas sus fuerzas también dotaciones económicas especiales?

Ahí descubriremos cuál ha sido el coste real de la oportunidad perdida, de no haber hecho  entre todos las cosas distintas, de forma transparente y con un partenariado real, que busque, por encima de todo, solventar rápida pero eficazmente situaciones complejas con alto impacto en la mejora de la salud y en la pervivencia del modelo de bienestar sanitario.

Creo que es muy interesante la propuesta que hace Toni Gilabert -Director de Gerencia de Farmacia del Servicio Catalán de Salud- para resolver la situación que se ha abierto siguiendo un esquema para financiar las innovaciones:
 

  1. Definir criterios de uso de cada uno de los tratamientos a partir de una evaluación basada en la eficacia y seguridad comparada, que incluya el análisis coste-efectividad incremental, así como su impacto presupuestario.
  2. Establecer un sistema de registro y seguimiento para monitorizar la efectividad en condiciones reales de uso.
  3. Asegurar los recursos económicos para pagar por resultados los tratamientos que cumplan los dos elementos anteriores, centrándose en compartir el riesgo financiero y el éxito terapéutico.

Veremos en los próximos meses, cuánto se avanza en esa dirección…

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