Que el sol no nos tape la nube: la privacidad en el mundo 2.0

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Septiembre 2013
Que el sol no nos tape la nube: la privacidad en el mundo 2.0

La privacidad puede ser definida como el ámbito de la vida personal de un individuo que se desarrolla en un espacio reservado y debe mantenerse confidencial. En el mundo 2.0, tenemos a nuestro alcance un número cada vez mayor de dispositivos para estar permanentemente conectados, la movilidad aumenta a diario y sobre nuestras cabezas flota una “nube” que almacena un sinfín de servicios y contenidos. ¿Tiene sentido hablar de privacidad? ¿Hasta dónde podemos expandir sus límites?

* Por Juan Miguel Martínez.

Cada día somos más los “enchufados”
El mundo de internet móvil ya no es, bajo ningún concepto, ni una intención de futuro ni una simple promesa, sino una auténtica realidad: actualmente, en todo el mundo existen más de 850 millones de usuarios de esta tecnología. En España, a pesar de la difícil situación económica, las personas conectadas a internet superan los 21 millones, y en torno a la mitad emplean un dispositivo móvil para tal propósito. De esos más de 11 millones de personas, un 56% son usuarios de un smartphone (con el que se conectan a internet a diario el 77%) y un 23% disponen de tablet (con la que se conectan a internet a diario el 46%).

El alto porcentaje de usuarios conectados se debe a una mayor disponibilidad de equipamiento tecnológico y a una mejor conexión a internet, e indica que la convergencia en el entorno digital es un hecho. Así, se abre un prometedor mercado para el mobile marketing, cuyo reto es encontrar la manera idónea y más eficaz de comunicar con el cliente y que éste pueda percibir un claro beneficio.

Usuarios 2.0: los reyes de internet
A día de hoy y especialmente en internet, el cliente es el centro de los negocios y cualquier estrategia empresarial debe estar, necesariamente, orientada al usuario 2.0. Si queremos garantizarnos una presencia activa en internet, debemos entender qué necesidades tiene este usuario 2.0, qué es lo que quiere y cómo lo quiere. No en vano, se trata de un cliente exigente, que se informa con detalle antes de comprar y que tiene al alcance de un clic toda la información existente en la red, bien sea la que proporciona la propia empresa en su web o bien visitando foros, blogs, etc. Este aspecto define al usuario 2.0: es al mismo tiempo usuario y cliente, y a su vez tiene la capacidad de suministrar información, convirtiéndose así –en función de su grado de satisfacción con la compra realizada– en un cliente recomendador, prescriptor o influenciador, tanto para los aspectos positivos como para los negativos.

La movilidad… en la nube
Con tantos usuarios conectados a internet y con los miles de millones de dispositivos funcionando en el mercado, es necesario satisfacer las exigencias de la movilidad y garantizar la conexión permanente. Con la llegada de los smartphones, tablets, e-books y demás dispositivos que se conectan a diario a internet, la necesidad de disponer de movilidad crece día a día: satisfacer la demanda de los usuarios que quieren trabajar “en la nube” es un requisito cada vez más ineludible.

En la actualidad, desde cualquier lugar donde nos encontremos, un dispositivo móvil con conexión a internet nos ofrece la posibilidad de acceder –de manera ágil y simple– a un gran número de servicios alojados en la nube, proporcionando un notable ahorro de costes en infraestructuras y software. Ya forma parte de nuestra vida cotidiana poder elaborar documentos, gestionar archivos y sincronizar contenidos digitales a través de internet móvil, o bien disfrutar de servicios de entretenimiento como el visionado de vídeos y fotografías, e incluso escuchar música alojada en la nube… con la ventaja añadida de que toda la información se queda en la nube para ser consultada independientemente del dispositivo. Es decir: en caso de perder o cambiar de dispositivo móvil, toda la información y los servicios permanecen intactos y siempre disponibles en la nube. Pero aún más importante resulta poder disponer de toda esa información en cualquier momento, independientemente de la ubicación geográfica en la que nos encontremos.

En nuestro día a día, ya podemos observar con absoluta naturalidad cómo se recurre a tecnología móvil para conectar soportes offline clásicos con el mundo digital. Entre las opciones al alcance del usuario, las más habituales son las siguientes:

• Códigos QR (quick response code, “código de respuesta rápida”). Son fáciles de usar y su resultado es inmediato. Son un lenguaje estándar y de uso libre. El principal factor que motiva su uso es la curiosidad.

• Códigos Bidi (de “bidireccionales” o “bidimensionales”). La principal diferencia con los de tipo QR es que los Bidi son privados o de código cerrado y, por lo tanto, de pago.

• Tecnología NFC (near field communication).
Todavía desconocida para el gran público, sus usos con mejores perspectivas de futuro son la identificación, la recogida e intercambio de información y, sobre todo, el pago mediante teléfono móvil.

• Realidad aumentada. Añade información virtual a la información física ya existente. 

• Herramientas de geolocalización.

Y… ¿qué es la geolocalización?
La geolocalización es la determinación de la ubicación geográfica del usuario –es decir, su posicionamiento físico según coordenadas concretas en un punto del planeta Tierra–, mediante un dispositivo que ya rara vez deja de acompañarnos allá donde estemos: el teléfono móvil.

Sobre todo desde la popularización de los teléfonos móviles de última generación (smartphones), la geolocalización empieza a ser cada vez más conocida y utilizada por empresas, comercios y entidades que la incorporan a sus campañas de marketing y a su día a día para conseguir una total interacción con sus clientes en un entorno local próximo. Ya no es cosa de ciencia ficción que algunos establecimientos pongan en marcha campañas y acciones para comunicar descuentos, promociones y ofertas a los clientes que se encuentran o transitan cerca del emplazamiento físico de esa tienda, con posibilidad incluso de interactuar con la propia tienda o con otros usuarios, por ejemplo publicando una recomendación para comprar en ese lugar. El gran auge de los smartphones y otros terminales similares ha favorecido incluso la proliferación de redes sociales de gran éxito, íntegramente basadas en la geolocalización (Foursquare, Aroundme…). Sin darnos cuenta –y sin que suponga ningún esfuerzo ni trauma–, los usuarios cada vez entramos más en la cultura del check in, una estrategia social que promueve la interacción entre comercios y clientes –y también clientes entre sí– con mensajes eficaces y directos. La evolución natural de esta tendencia nos llevará al siguiente paso, que será el cambio del check in por el check out, o lo que es lo mismo: la compra en tiendas mediante aplicaciones instaladas en dispositivos móviles.

De momento, los únicos requisitos imprescindibles para el funcionamiento óptimo de todas las aplicaciones de geolocalización son la conexión a internet, la conformidad del usuario para compartir su información y la necesidad de que los demás usuarios con los que queramos interactuar utilicen el mismo software. Requisitos que, analizados fríamente, son un mínimo inconveniente sin importancia comparados con las grandes ventajas que ofrece el uso de la geolocalización:

• Presencia constante de las empresas en la red, aumentando su visibilidad y llegando a sus usuarios finales con mensajes directos (descuentos, promociones y ofertas). Cada check in se convierte en un enlace que favorece la visibilidad y la difusión de la empresa.

• Mayor interacción con los clientes. Una promoción directa en un entorno local se vale de una estrategia competitiva capaz de atraer e influir en la decisión del “dónde ir” del usuario a partir de la comunicación de ofertas y descuentos. Cuantos más check in acumula una empresa, se entiende que más gente ha estado allí y a la larga “gente llama a gente” para acudir al establecimiento.

• Potente herramienta de fidelización de clientes. Permite al establecimiento convertir al usuario estándar en un recomendador o prescriptor de la marca, capaz de influir en la opinión de otros usuarios y convertirlos en posibles clientes.

• Sus propios usuarios o clientes realizan la promoción del establecimiento. Además, la empresa conoce las opiniones de los clientes sobre sus productos y servicios directamente y de manera inmediata, lo que le permite gestionar las reclamaciones online mejor y con mayor agilidad.

• Es casi imposible perderse. Basta con recurrir a la aplicación de mapas del dispositivo móvil –habitual en cualquiera de ellos– para saber donde estamos y qué dirección debemos seguir para llegar a nuestro destino.

Los beneficios de la geolocalización no se limitan solo a empresas o a acciones con finalidad comercial. Un ejemplo muy claro de la utilidad de esta tecnología puede observarse en algunas ciudades, cuyas paradas de transportes públicos indican el tiempo que tardará en llegar el próximo metro o autobús de una línea determinada. Gracias a la geolocalización, además de acceder a esa misma información sin necesidad de estar físicamente en la parada, el usuario puede tener una idea más precisa del tiempo que necesita antes incluso de salir de casa.

¿Dónde queda la privacidad?
No serán pocos quienes piensen que la geolocalización está condenada al fracaso porque normalmente las personas somos muy celosas de nuestra privacidad y, a la larga, preferiremos no hacer uso de este tipo de herramientas que difunden nuestra ubicación física y permiten que seamos localizados por “cualquiera”. Sin embargo, la simple observación de cómo está evolucionando el carácter de las personas desde el momento en que nos convertimos en usuarios de aplicaciones de redes sociales nos demuestra que para mejorar nuestra experiencia con estas tecnologías, no tenemos ningún problema en poner a disposición de los demás un notable volumen de información personal. Es más: en la práctica resulta paradójico pretender conservar siempre nuestra privacidad, ya que ello nos privaría de beneficiarnos de promociones, descuentos, ofertas y premios virtuales que nos ofrecen aplicaciones como FourSquare; o bien expandir nuestro círculo de amistades e intereses mediante Facebook y Twitter; o incluso ampliar nuestra red de contactos profesionales a través de LinkedIn.

Dejando a un lado los datos personales confidenciales que –por seguridad– nadie debe conocer y que sí hemos de mantener protegidos en la red, la privacidad es un concepto cada vez menos rígido y que, manejado con flexibilidad, permite sacar el máximo partido al mundo 2.0 en el que tenemos la suerte de vivir. A la pregunta sobre cómo está el asunto de la privacidad en internet y en las redes sociales, vamos a responder sin dudar: “¡bien, gracias!”.

Con la popularización de los smartphones, la geolocalización empieza a ser cada vez más conocida y utilizada por empresas y entidades

Las nuevas estrategias de marketing tienen en la movilidad y la geolocalización dos recursos de gran valor para conseguir una interacción directa y eficaz con el cliente que consolide su fidelización.

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